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Responsabilidad Social y las empresas familiares

La forma de hacer negocios y de dirigir las empresas está cambiando y las empresas ya no responden solamente ante los accionistas, sino también ante la sociedad en general. La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) se entiende como la integración voluntaria, por parte de la empresa, de las preocupaciones sociales y medioambientales en sus operaciones comerciales y sus relaciones con sus interlocutores. Una empresa socialmente responsable cumple plenamente sus obligaciones jurídicas y se propone ir más allá invirtiendo en el capital humano, el entorno y las relaciones con los interlocutores. La RSC consiste en aplicar prácticas empresariales en dos dimensiones: interna y externa. Dentro de la dimensión interna están las prácticas que afectan en primer lugar a los trabajadores, es decir, cuestiones como la inversión en recursos humanos, la salud, la seguridad y la gestión del cambio, así como también las prácticas respetuosas con el medio ambiente y la gestión de los recursos naturales utilizados en la producción. En la dimensión externa, la RSC se extiende hasta las comunidades locales e incluye, además de los trabajadores y accionistas – y futuras generaciones de accionistas –a un amplio abanico de interlocutores: socios comerciales y proveedores, consumidores, autoridades públicas y ONG defensoras de los intereses de las comunidades locales y el medio ambiente. “Sobre RSC se ha escrito mucho y se ha hecho poco”, afirma Ignacio Fernández Toxo, Secretario Confederal de Acción Sindical de CCOO. Pero la RSC no se puede ver como una moda pasajera, sino que “a llegado para quedarse y cambiar los paradigmas de la empresa y sus modelos de gestión y gobierno” sostiene Natalia Christensen, directora de Programas de Formación de Fundación Nexia, y añade que ”hoy todos somos testigos de cómo la RSC está logrando que día a día más empresas se preocupen por sus comportamientos sociales y medioambientales, con el mismo énfasis que pone para lograr los resultados económicos”.   La RSC no se tiene que ver como un gasto, sino como una inversión a largo plazo que afecta positivamente a la rentabilidad final de las empresas, hecho que la convierte en una sólida ventaja competitiva. Se considera que la RSC tiene que ver con una visión del negocio que mira a más largo plazo y que incorpora en la gestión valores como la ética, la transparencia y la responsabilidad hacia la sociedad. Quizás la principal duda a la hora de afrontar la Responsabilidad Social es su compatibilidad con los valores de la empresa. Pero todo indica que será cada vez más difícil crear valor, riqueza y empleo sin tener en cuenta la RSC. Por ello no se tiene que ver como un gasto, sino como una inversión a largo plazo que afecta positivamente a la rentabilidad final de las empresas, hecho que la convierte en una sólida ventaja competitiva. Por ello, no sorprende ver que el 62% de las empresas cotizadas tienen interés por integrar la RSC en sus estrategias de negocio porque consideran que repercute en su negocio, según lo demuestra el informe “Responsabilidad Social de las Empresas. Situación en España”, elaborado por el Instituto de la Empresa Familiar (IEF). En el caso de las empresas familiares asociadas al IEF, un 58% de ellas muestra interés en realizar un plan de actividades socialmente responsables. Los datos del informe del IEF también muestran que existen preferencias a la hora de aplicar criterios de responsabilidad social: un 51% de las empresas los aplican en acción social, un 29% en temas de medio ambiente y un 19% en temas laborales. Los valores de la RSC El profesor John Ward desarrolló un modelo de empresa familiar que, a diferencia del modelo de accionista de capital, prioriza la filosofía de la gestión y gestionar a través de valores, esto es, aplicar la prudencia, controlar los riesgos y enorgullecerse de su reputación. Según el filósofo y escritor norteamericano Michael Novak, la RSC es importante por cuatro razones: porque crea trabajo, porque aporta bienes y servicios necesarios para la sociedad, porque a través de sus ganancias aumenta el bienestar de la sociedad y, por último pero no por ello menos importante, porque es un instrumento social privado, independiente del Estado, para el sostén moral y material de otras actividades de la sociedad civil. Los estudios de mercado demuestran que los consumidores eligen los productos que asocian con la RSC. El Informe “La actitud del consumidor hacia la RSC en el sector de la alimentación y bebidas” de PriceWaterhouseCoopers confirma que el 39% de los consumidores españoles estaría dispuesto a pagar más por productos de empresas responsables; y que el 74% está dispuesto a dejar de comprar productos de empresas socialmente no responsables. Asimismo, el Informe Forética 2004 señala que el 52% de los consumidores españoles optaría siempre por productos de empresas socialmente responsables aunque fuesen ligeramente más caros que sus competidores. Las empresas familiares tienen ventajas competitivas muy importantes en torno a sus características intrínsecas,  tales como compromiso, unidad, valores compartidos, confianza, solidaridad, reputación, etc. Es evidente la importancia que tiene la responsabilidad empresaria para crear imagen y más confianza en los productos y servicios de las empresas. “Las empresas que representan la herencia nacional, productos o liderazgo con un gran vínculo emocional tienden a comportarse mejor en la clasificación”, dijo Charles Fombrun, director ejecutivo de Reputation Institute, en referencia al ranking de las empresas con mejor reputación mundial. Un ranking, por cierto, liderado por empresas familiares. Y es que las empresas familiares están más preocupadas por la Responsabilidad Social Corporativa que las no familiares, según confirmó un estudio llevado a cabo en Holanda en el año 2002 por el profesor Graafland.  “Las empresas familiares tienen ventajas competitivas muy importantes en torno a sus características intrínsecas,  tales como compromiso, unidad, valores compartidos, confianza, solidaridad, reputación, etc.”, afirma Natalia Christensen. “Por ello, en Fundación Nexia creemos que la RSC es una gran oportunidad para que las empresas familiares puedan potenciarse. Aquellas empresas familiares que han diseñado e implementado sus Consejos de Administración, Consejos de Familia y Protocolos Familiares, hoy pueden demostrar un avance hacia el buen gobierno y la transparencia, que son componentes esenciales de la RSC”. Recomendaciones para implementar la RSC en las empresas familiares La ética, el buen gobierno y las buenas prácticas de las empresas familiares constituyen la base sobre la cual se decide y promueve la RSC. El antes mencionado estudio del IEF destaca que el buen gobierno es la base de la implantación de la RSC en las empresas familiares y que puede tener origen en tres colectivos: los gestores de la empresa, que entiendan que es necesario para la competitividad de la compañía el Consejo de administración la Familia Empresaria Para incluir la RSC entre los valores y visión de la empresa, el órgano de gobierno más adecuado es el Consejo de Familia, ya que es el responsable de sintonizar las ambiciones personales, los valores y los intereses de la Familia Empresaria. En este sentido el Consejo de Familia sirve de vínculo entre la familia, el Consejo de Administración y la dirección de la empresa y debe potenciar el interés de las futuras generaciones en sus valores. Pero el órgano al que corresponde liderar la implementación en la estrategia de RSC es el Consejo de Administración. Este órgano tiene que revisar, orientar y aprobar las estrategias generales, incluidas las que hacen referencia a las responsabilidades sociales que voluntariamente adquiera la compañía. También debe establecer las actuaciones de carácter social, ético y medioambiental de la empresa y ha de determinar las políticas de información y comunicación con los accionistas, los mercados, organizaciones no gubernamentales y la opinión pública.